En el recuento de los daños…

Ayer, después de mucho tiempo de auscencia regresó, por lo menos a mi mente uno de esos acontecimientos de la vida que suceden pocas veces, pero te dejan un nudo en la garganta y secuelas a largo plazo. Después de casi haberla borrado de mi existencia, volvió al tema la Ex Mejor Amiga de la Vida.

Había una vez una yo, con una mejor amiga del mundo. Muchos años fuimos las mejores amigas, con tropiezos, de ambas partes, con dificultades y con todo eso que conlleva una linda y duradera amistad. El nexo entre nosotras era tan grande que literalmete nos telepateabamos, había veces en las que no necesitabamos hablar para entendernos. Ella tan diferente a mi, y yo a ella. Hicimos planes de vida juntas, nos veíamos compartiendo nuestros veintes, treintas, y cincuentas, nos veíamos con nietos tomando el café los domingos. Le pedí que fuera madrina de Kiki, y ella me pidió que fuera su madrina de boda. Estuvimos juntas en las peores desgracias, en la muerte y en el divorcio, esos momentos que marcaron nuestras vidas para siempre, estuvimos ahí, una a lado de la otra al pie del cañon… hasta ese día, hace ya muchos meses, cuando nos perdimos una a la otra.

Necesita espacio, tiempo para darse cuenta– pensé yo.

Luego caí en cuenta del malentedido.  Había versiones diferentes del percance. Había gente y opiniones involucradas.

Fueron días difíciles. La Ex Mejor Amiga de la Vida a escasos días de su boda luchaba contra su corazón y circunstancias. Se había enamorado de otro, había dudas en su corazón. Lloraba desconsolada como aquel que sabe que está en sus manos y solo en las suyas el destino propio y el de otros, la desdicha o felicidad ajena caían totalmente bajo su joven criterio.

Mientras decidía si casarse con el novio de toda-la-vida, o dejar la seguridad por aquel otro que le movió el tapete y el corazón; mientras todo estaba confuso decidió hacer un alto intempestivo. Canceló la boda.

Yo, por supuesto, estaba inmersa en todo este alboroto. Siempre al pie del cañon. Dando opiniones, cosa que no debí de haber hecho. Alojandola en mi casa, siendo complice, como buena amiga, creía yo. No podía hacer menos.

Fue entonces cuando me lo encontré, afuera de un bar, esa noche. El novio-futuro-esposo aquel: un hijo-de-re-contra-puta, me preguntaba con deseperación que era lo que pasaba. Lloraba. Yo confienso, me equivoqué. Me quedé platicando con él y escuchandolo.Error. Grandísimo y estúpido error.

Dentro de esa conversación clandestina, me preguntó, a quemarropa, si era verdad que ella ya estaba con otro.  Mi terrible torpeza en decir mentiras, mi madito nerviosismo me delató. Me quedé callada y me fui,  sin darme cuenta de las consecuencias, de la avalancha que estaba por llegar. Yo así, quitadita de la pena, afuera del baresito de quinta, quedandome callada, sin querer solté un secreto que me habìan encargado.

Sólo varios días después me dí cuenta de lo sucedido.  Corrí a su oficina a buscarla, a explicarle que las cosas no eran como parecían. Que no pude mentir. Que no debí haberme quedado a conversar con él. Que lo sentia tanto tanto.

El hijo-de-re-contra-puta aprovechó mi terrible indiscreción.

Èl va a ser mi marido. Yo le creo a él-

Ingenua supuse que  como lo habíamos hecho en los últimos veintimil años arreglariamos el malentendido: como cuando le conté feliz que estaba embarazada y me sermoneó acerca de lo estúpida y descuidada que había sido, como cuando tontamente se puso celosa de que su entonces novio era mi mejor amigo, como cuando dijo cosas que no debió como cuando yo dije cosas que no debía… No fue así.

La  Ex Mejor Amiga de la Vida no volvió. Se casó. Olvidó al otro amor. Guardo todo ese alboroto en una cajita y salió a la calle con una mascara de felicidad, de bride to be, de aqui-no-paso-nada. Nadie habló del tema jamás. Nadie mencionó ese fin de semana donde canceló su boda, se enamoró, se desenamoró, y dejo de ser tener una amiga del mundo mundial.

Todo esto fue desastroso para mi. Viví meses con la duda. Nunca entendí que fue lo que pasó. De un día para otro deje de tener a una amiga, a mi hermana del alma, a la comadre. Dejé de tener una familia postiza, una casa ajena en donde me sentía bienvenida. Me quitaron una pequeñita parte de mi, porque sí, ella era parte de mi vida, de mi infancia, de mi adolescencia, de mis aventuras, de mi primer cigarro, de mi primer borrachera, de mi primer ligue.

Todo suena muy catastrófico. Lo fue. Pero ya no lo es. El tiempo pasó y la vida siguió; tanto que ahora son pocas las veces en las que la recuerdo. No la he visto. No nos hemos encontrado. Nos esfumamos.

Las amistades que tenemos en común especulan. Resienten la brecha que se ha generado de la ruptura. Cada una ha decidido la versión de los hechos que mas les acomoda. Cada una está de un lado, o del otro, o de los dos, o de ninguno.

Ayer ibamos a encontrarnos después de tantos meses, hasta que alguien me previno del gran odio que ella siente por mi. Eso yo no lo sabía. En verdad yo ya no pienso en ella. Y parece ser que ella en mi si.

No fui a la reunión. Probablemente me vi muy cobarde. Probablemente creerán que acepto la culpa que me achacan, pero no. Simplemente decidí que yo no tengo necesidad de vivir dramas ni momentos incomodos en mi vida. A estas alturas no. Yo no tengo resentimientos, ni odios guardados; a lo más, tengo un gran nudo en la garganta al acordame de aquellos ya lejanos días de amistad, esos que quedaron muy muy atrás en mi memoria.

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2 comentarios

Archivado bajo karma, Teorías varias, Uncategorized

2 Respuestas a “En el recuento de los daños…

  1. Rainman

    Vaya relato. Lo mejor es NUNCA tomar partido. Generalmente acaba uno embarrado. Y de lo demás, despreocúpate. No cometiste ninguna indiscreción, misma que no hubiera ocurrido si no fuera por la inseguridad de tu amiga.

    Saludos

  2. Hola linda, ya no me has visitado… No te olvides de mí, te mando un beso… PQ

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