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Llevo ocho meses que dejé mi casa en Barcelona. Fue todo inesperado, impulsivo y fugaz.  Salí con mis dos maletas de vacaciones y volví dos meses después a empacar en una corta semana mi vida en tres maletas. Me despedí, lloré y me fui. Pasé una temporada allá en el Paraiso Tropical. Allá donde el tiempo no pasa y el silencio te la permiso de pensar en voz alta.

Y regresé, a mi casa de siempre, a mi jardín amarillo y a la rutina que había olvidado. He pasado todos estos meses retomando lo que dejé, adaptandome de nuevo a un lugar al que ahora menos pertenezco.

Buscando de nuevo un trabajo, una escuela para Kiki, un perro y unas flores para mi jardín se me han pasado todos estos días, uno tras otro sin tiempo ni siquiera para extrañar. Sin tiempo para sentarme a leer a Kerouac de nuevo, sin tiempo para escribir, ni escuchar música, ni caminar. Sin tiempo para ser yo.

“I dreamed a thousand new paths. I woke and walked my old one.”

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as you wish

Yiruma – As you Wish

Estoy a cinco días de subirme en el avión que me llevara lejos de casa, porque sí, este piso en la calle Santaló ahora es mi casa.

Tengo lo que llevaba meses esperando: una vida estable aquí. El salir puntualísima a las 8:40 para llevar a Kiki a la escuela, tomar el Bus 6 en Diagonal para llegar a mi oficina. Pasar a Café Torino, sentarme 15 min para leer el periódico, tomar un café y uno que otro día nublado fumarme el primer cigarro del día. Trabajar en lo que me gusta y en lo que no tanto también. Hablar inglés y escuchar holandés, mezclar el mexicano con el argentino e ir del Autocad al Indesign sin reparo. Salir exhausta y caminar por la playa unos minutos e incluso a veces sentarme en la arena fría. Leer a Kerouac en el bus de regreso. Caminar Paseo de Gracia esquivando turistas y siempre voltear a ver las chimeneas de la Pedrera. Ir al parque a saltar la cuerda con Fer. Hacer las compras con mi carrito de flores rosas. Tomar el ferrocarril para ir a Ikea por mis velas de vainilla. Café nocturno con las amigas. Llegar a comer sin avisar  a casa de Dorian. Abrir las ventanas por la noche y sentarme en el sofá.

Tengo todo eso por fin y apenas tuve tiempo de disfrutarlo. Me voy en cinco días al lugar donde crecí, me voy a visitar a mis padres que hace tanto no veo, a salir con los amigos con quienes hablo cada vez menos, a desempolvar esa que fue mi casa y a regar el jardín que murió en mi ausencia. Voy a tramitar que me dejen regresar a casa, a entregar actas y permisos para poder volver a mi hogar en un par de meses.

No he hecho maletas, no me he despedido de nadie. Estoy en días de silencio, ese silencio antes de la tormenta que me traerá la calma.

Esta rutina que me he hecho de ir dejando por aquí y por allá,  de ser de un y de ningún lugar,
me llena el corazón … pero también a veces, me lo vacía.

 

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Sigo en Barcelona. Sigo contenta. Leyendo, caminando por la ciudad. Disfrutando la primavera en el Mediterráneo. Fumando todavía. Tomando más café brasileño del que debería. Ahorrando. Tomando fotos. Visitando la biblioteca una vez a la semana. Ya no voy en bici desde que me multaron. Comiendo pan con tomate. Extrañando a mi familia. Extrañado a mis amigos. Despidiendo a los que había hecho aquí y se fueron. Durmiendo poco, trabajando mucho.

Sigo aquí, tan yo… como siempre.

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Cuando alguien llama intenso a otro alguien

Intenso es un adjetivo calificativo destructor.

Es como decirle a un monje tibetano que es materialista, es como decir que Madonna es mojigata, es como decir que Lennon era terrorista. Madre mia, estoy sufriendo.

Mi estabilidad emocional sufre un paro cardiorespiratorio y necesito un desfibrilador urgente.

Nadie nunca jamás me había dicho que soy una persona intensa… y por la calidad de este escrito se puede asumir que algo hay de eso en mi. Joder.

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Imagina que lindo sería si no existiera internet.

Compraría el periódico y vería las noticias en la televisión. Iria más al cine. Tendría un diccionario Larousse en casa. Imprimiría mis fotos. Hablaría más por teléfono. Escribiría cartas. Haría filas en el banco. Compraría cds.

Vería a mis amigos más seguido.

 

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That awkward moment when you thought you were special to somebody and you realize you’re not.

I feel guilty for putting you through my depressed and melancholy shit . I felt the need to drown my sorrows.

I feel a lot of irony doing this. I feel sorry for being sorry…. with you.

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Algún día tendré un código postal fijo. Entonces compraré esas películas que tantas ganas tengo de coleccionar. Compraré discos de vinil. Libros con anotaciones al margen. Portaretratos.  Una silla Bauhaus. Cuadros. Lámparas. Fotografías impresas. Una bicicleta y una guitarra.

Por ahora no, no gracias.

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